EL DEPORTE Y LA PSICOMOTRICIDAD PARA MEJORAR LA SOCIALIZACIÓN EN LOS NIÑOS

La primera experiencia de comunicación que tiene un bebé con el adulto es a través del contacto corporal. A través del tono y la postura de nuestro cuerpo realizamos un intercambio comunicativo que proviene de lo físico y se traslada a lo psicológico. Por tanto, el tono de nuestro cuerpo, el contacto con los otros, la posición  y la forma de movernos, supone la base de un sistema de relaciones y comunicaciones que forman parten no solo del desarrollo motor, sino del desarrollo psicológico y social del individuo.

A través de la actividad física informal y el juego, nuestros niños potencian su desarrollo social. Es a través del deporte, o la actividad física más dirigida o formal,  cuando éste pone de manifiesto y perfecciona el grado de socialización alcanzado; mediante conductas de colaboración y competición.

A menudo se habla y se escribe acerca del deporte, de sus valores, de su potencial educativo y de su capacidad socializadora en niños/as. Pero ¿siempre y cualquier tipo de actividad física o deporte favorece la socialización de los más pequeños?

Para que realmente sea eficaz la acción socializadora del deporte en niños, no basta con inculcarles un repertorio más o menos extenso de habilidades motrices  (saltos, coordinación ojo-mano, habilidades expresivas, orientación espacial, etc.). Ni introducirles en deportes que resultan ser una mímesis del deporte profesional adulto; cuyo modelo más extendido es rígido, jerarquizado, competitivo y fuertemente selectivo y que en numerosas ocasiones refuerzan aspectos que en este caso no nos interesan como es la competitividad o la especialización precoz. Porque no es esto lo que realmente capacita a los niños/as para una mejor adaptación a la sociedad.

Por tanto, es imprescindible que los profesionales al cargo de la actividad deportiva cuiden con mimo la relación grupal, la valoración que hacen de los resultados del niño/a, fomenten la motivación orientada a metas, proporcionen experiencias de éxito, proponga retos y ayuden a modular la frustración o la incertidumbre. Por otro lado, es muy importante respetar profundamente la expresión individual sin imponer nuestros modelos adultos, con el objetivo de desarrollar un lenguaje corporal propio, que contribuirá al desarrollo de su propia identidad y por tanto favorecerá el cultivo de una autoestima sana.

 

Verónica Jimeno Valdepeñas

Área de Intervención Psicológica y Ocio Saludable Fisysport

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